¿Y si eliminamos Cultura, qué?
Me gustaría analizar el Ministerio de Cultura de los PGE en el año 2011. Mi motivación es la cantidad de recortes que está habiendo, para demostrar que es posible recortar en aspectos más prescindibles, como iréis viendo.
Esta partida se ha visto
disminuida en los últimos dos años hasta situarse en el año 2011 a niveles de
gasto de 2007. Este Ministerio ha visto incrementado su presupuesto hasta la
llegada de la crisis en 2008, aunque no fue hasta el año 2010 cuando el gasto
presupuestado comenzó a descender, lo cual correspondía a una política
generalizada del descenso del gasto público. En la siguiente gráfica se muestra
el gasto de los sucesivos PGE desde 2006 a 2011 en el Ministerio de Cultura
expresado en miles de euros:
Por ejemplo en el presupuesto de museos, uno de los más abultados,
el sector público gastó 213.709.000 de euros, una cifra que a mi juicio es excesiva.
Partidas como la de los museos comparte valoración con el resto. No obstante
juzgo que la partida de conservación y restauración de bienes culturales y
protección del patrimonio histórico no sería eliminable. A esto volveré a
continuación.
Como decía, el resto de partidas son a mi juicio innecesarias, y
creo que debería ser el mercado el perfecto regulador de las mismas. Financiar
desde el sector público partidas como el cine o los museos pueden ser en estos
tiempos absolutamente innecesarios. El objetivo del sector público al
intervenir estos sectores culturales es el de sostener museos, teatros o
exposiciones que en un mercado libre no podrían sobrevivir.
En esto punto nos preguntamos ¿es necesario que el Estado sostenga
un aparato cultural que los usuarios no consumen? Desde algunas perspectivas
ideológicas se entiende que esto es necesario por el bien del progreso
cultural. En mi opinión creo que es inútil colocar unos gastos en un sector que
el usuario no utiliza. El mercado es una figura inteligente, que elimina todo
aquello que carece de utilidad o interés para los individuos, permitiendo así
el desarrollo y la satisfacción de necesidades vitales. Sin embargo, con el
intervencionismo del sector público en esta materia lo que estamos haciendo es
incrementar descontrolada e innecesariamente nuestro gasto público, un gasto
que se podría destinar a otras partidas más beneficiosas para el común de los
usuarios. Así mismo, este ánimo de gastar por gastar en cultura que nadie
consume nos lleva a ver ejemplos que a la imagen pública le son negativos, por
ejemplo la construcción de la Ciudad de la Cultura de Galicia, una obra que ha
costado millones de euros al sector público y que goza de escaso interés si nos
atenemos a los datos de visitas anuales.
Continuando con la imagen pública de estos gastos, hay que
mencionar que políticamente son un imán para los partidos y los gobiernos,
sobre todo autonómicos, que se ven con partidas de gasto en cultura que saben
que son un despilfarro. No obstante, la imagen pública a la hora de presentar
unos presupuestos se posiciona favorable a todo este tipo de gastos
improductivos.
Volviendo a la consideración del mercado como la mejor herramienta
de desarrollo de los términos presupuestados para el Ministerio de Cultura,
debemos considerar que si esto se hiciese realidad, si el presupuesto del
Ministerio de cultura se redujese a 0, nos ahorraríamos casi 1.300 millones de
euros, según los datos de los PGE 2011. Podría considerarse que si esto se
llevase a cabo se producirían consecuencias negativas para el desarrollo de la
cultura en España. No obstante es necesario tener claro que la cultura en las
encuestas del INE sobre las principales preocupaciones de los españoles no se
encuentra entre ellas. Por tanto, planteo de nuevo la pregunta, ¿es necesario
que el sector público sostenga un gasto que, además de improductivo (no genera
grandes beneficios), carece de interés para los consumidores? Es lógico pensar
que no, dado que al igual que el mercado destruye todo aquello que no es ni
productivo ni genera necesidades entre los consumidores, el sector público
debería de hacer lo mismo, porque nada ganamos en sostener museos que nadie
visita, exposiciones que sobran y películas que difícilmente se las puede
considerar como arte o cultura. Ahora bien, hay que decir, para calmar a
algunos sectores ideológicos, que la desaparición del sector público de la
mayor parte de la cultura no significaría necesariamente la destrucción de
todos los museos, exposiciones o eventos culturales, al contrario, se
desarrollaría una cultura más acorde con las necesidades de los individuos.
En resumidas cuentas, lo cierto es que si el mercado organizase la
cultura y no el sector público, los consumidores nos libraríamos de sostener a
dudosas expresiones de la cultura española. Pese a lo que la opinión pública
pueda pensar, es decir, que se perdería todo el arte y la cultura española,
puedo asegurar que si el mercado copara el sector cultural no perderíamos el
buen arte, o al menos el arte que a los consumidores más les satisface, dado
que el propio mercado se preocuparía por conservarlo, promocionarlo, protegerlo
y sacarle rentabilidad económica.
Pese a esta valoración, es posible que sea necesaria la
conservación de algunas partidas que protegen los restos de nuestra historia
cultural más gloriosa. Hablo de las partidas del Ministerio de cultura a
archivos, conservación y restauración de bienes culturales o protección del
Patrimonio Histórico. Las cuales son partidas que el mercado muchas veces abandonaría
por improductivo, hablo de la conservación de castillos, monasterios, cascos
antiguos amurallados, etc. Que tienen un valor histórico que no podemos
arriesgarnos a perder.
Como conclusión, debemos decir lo siguiente de la partida de los
PGE 2011 destinada al Ministerio de Cultura. La intervención del sector público
en esta materia estaría justificada por un fallo de mercado, el cual natural y
automáticamente desestima la producción de bienes culturales que no generan
beneficios y que no suscitan necesidades entre la masa demandante. En este país
para solventar este fallo, se apostó por la intervención del sector público, la
cual, con la excusa del interés general, está sosteniendo un ámbito que es
ineficiente en el sentido de que no satisface las necesidades de los
consumidores.
Por
lo tanto, podemos concluir que la gran parte del gasto en Cultura, que fue de
casi 1.300 millones de euros en 2011, podría eliminarse, y siguiendo los
criterios y prioridades de gasto que he ido exponiendo podríamos reducir sin
miedo a equivocarnos ese presupuesto a cerca de 100 millones de euros. En
porcentajes significaría una reducción del 92,3% del presupuesto para Cultura
aproximadamente, o lo que es lo mismo, un ahorro a las arcas públicas de unos
1.200 millones de euros anuales.

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