lunes, 23 de abril de 2012

¿Y si eliminamos Cultura, qué?

¿Y si eliminamos Cultura, qué?
Me gustaría analizar el Ministerio de Cultura de los PGE en el año 2011. Mi motivación es la cantidad de recortes que está habiendo, para demostrar que es posible recortar en aspectos más prescindibles, como iréis viendo.
 Esta partida se ha visto disminuida en los últimos dos años hasta situarse en el año 2011 a niveles de gasto de 2007. Este Ministerio ha visto incrementado su presupuesto hasta la llegada de la crisis en 2008, aunque no fue hasta el año 2010 cuando el gasto presupuestado comenzó a descender, lo cual correspondía a una política generalizada del descenso del gasto público. En la siguiente gráfica se muestra el gasto de los sucesivos PGE desde 2006 a 2011 en el Ministerio de Cultura expresado en miles de euros:

Los gastos del Ministerio de Cultura se subdividen en otras partidas. Entre ellas identificamos gastos en cooperación, promoción y difusión cultural en el exterior; dirección y servicios generales de cultura; museos; exposiciones; promoción y cooperación cultural; música y danza; cinematografía; o conservación y restauración de bienes culturales y protección del patrimonio histórico, entre otras subdivisiones.
Por ejemplo en el presupuesto de museos, uno de los más abultados, el sector público gastó 213.709.000 de euros, una cifra que a mi juicio es excesiva. Partidas como la de los museos comparte valoración con el resto. No obstante juzgo que la partida de conservación y restauración de bienes culturales y protección del patrimonio histórico no sería eliminable. A esto volveré a continuación.
Como decía, el resto de partidas son a mi juicio innecesarias, y creo que debería ser el mercado el perfecto regulador de las mismas. Financiar desde el sector público partidas como el cine o los museos pueden ser en estos tiempos absolutamente innecesarios. El objetivo del sector público al intervenir estos sectores culturales es el de sostener museos, teatros o exposiciones que en un mercado libre no podrían sobrevivir.
En esto punto nos preguntamos ¿es necesario que el Estado sostenga un aparato cultural que los usuarios no consumen? Desde algunas perspectivas ideológicas se entiende que esto es necesario por el bien del progreso cultural. En mi opinión creo que es inútil colocar unos gastos en un sector que el usuario no utiliza. El mercado es una figura inteligente, que elimina todo aquello que carece de utilidad o interés para los individuos, permitiendo así el desarrollo y la satisfacción de necesidades vitales. Sin embargo, con el intervencionismo del sector público en esta materia lo que estamos haciendo es incrementar descontrolada e innecesariamente nuestro gasto público, un gasto que se podría destinar a otras partidas más beneficiosas para el común de los usuarios. Así mismo, este ánimo de gastar por gastar en cultura que nadie consume nos lleva a ver ejemplos que a la imagen pública le son negativos, por ejemplo la construcción de la Ciudad de la Cultura de Galicia, una obra que ha costado millones de euros al sector público y que goza de escaso interés si nos atenemos a los datos de visitas anuales.
Continuando con la imagen pública de estos gastos, hay que mencionar que políticamente son un imán para los partidos y los gobiernos, sobre todo autonómicos, que se ven con partidas de gasto en cultura que saben que son un despilfarro. No obstante, la imagen pública a la hora de presentar unos presupuestos se posiciona favorable a todo este tipo de gastos improductivos.
Volviendo a la consideración del mercado como la mejor herramienta de desarrollo de los términos presupuestados para el Ministerio de Cultura, debemos considerar que si esto se hiciese realidad, si el presupuesto del Ministerio de cultura se redujese a 0, nos ahorraríamos casi 1.300 millones de euros, según los datos de los PGE 2011. Podría considerarse que si esto se llevase a cabo se producirían consecuencias negativas para el desarrollo de la cultura en España. No obstante es necesario tener claro que la cultura en las encuestas del INE sobre las principales preocupaciones de los españoles no se encuentra entre ellas. Por tanto, planteo de nuevo la pregunta, ¿es necesario que el sector público sostenga un gasto que, además de improductivo (no genera grandes beneficios), carece de interés para los consumidores? Es lógico pensar que no, dado que al igual que el mercado destruye todo aquello que no es ni productivo ni genera necesidades entre los consumidores, el sector público debería de hacer lo mismo, porque nada ganamos en sostener museos que nadie visita, exposiciones que sobran y películas que difícilmente se las puede considerar como arte o cultura. Ahora bien, hay que decir, para calmar a algunos sectores ideológicos, que la desaparición del sector público de la mayor parte de la cultura no significaría necesariamente la destrucción de todos los museos, exposiciones o eventos culturales, al contrario, se desarrollaría una cultura más acorde con las necesidades de los individuos.
En resumidas cuentas, lo cierto es que si el mercado organizase la cultura y no el sector público, los consumidores nos libraríamos de sostener a dudosas expresiones de la cultura española. Pese a lo que la opinión pública pueda pensar, es decir, que se perdería todo el arte y la cultura española, puedo asegurar que si el mercado copara el sector cultural no perderíamos el buen arte, o al menos el arte que a los consumidores más les satisface, dado que el propio mercado se preocuparía por conservarlo, promocionarlo, protegerlo y sacarle rentabilidad económica.  
Pese a esta valoración, es posible que sea necesaria la conservación de algunas partidas que protegen los restos de nuestra historia cultural más gloriosa. Hablo de las partidas del Ministerio de cultura a archivos, conservación y restauración de bienes culturales o protección del Patrimonio Histórico. Las cuales son partidas que el mercado muchas veces abandonaría por improductivo, hablo de la conservación de castillos, monasterios, cascos antiguos amurallados, etc. Que tienen un valor histórico que no podemos arriesgarnos a perder.

Como conclusión, debemos decir lo siguiente de la partida de los PGE 2011 destinada al Ministerio de Cultura. La intervención del sector público en esta materia estaría justificada por un fallo de mercado, el cual natural y automáticamente desestima la producción de bienes culturales que no generan beneficios y que no suscitan necesidades entre la masa demandante. En este país para solventar este fallo, se apostó por la intervención del sector público, la cual, con la excusa del interés general, está sosteniendo un ámbito que es ineficiente en el sentido de que no satisface las necesidades de los consumidores.
Por lo tanto, podemos concluir que la gran parte del gasto en Cultura, que fue de casi 1.300 millones de euros en 2011, podría eliminarse, y siguiendo los criterios y prioridades de gasto que he ido exponiendo podríamos reducir sin miedo a equivocarnos ese presupuesto a cerca de 100 millones de euros. En porcentajes significaría una reducción del 92,3% del presupuesto para Cultura aproximadamente, o lo que es lo mismo, un ahorro a las arcas públicas de unos 1.200 millones de euros anuales.

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